Lenguaje
MANUEL TALENS
Una manera de medir el fracaso de las insurrecciones que pretendían cambiar el mundo
consiste en aplicar al presente los alegatos que en el pasado les sirvieron de argumento.
Hace casi dos mil años que Jesucristo murió en la cruz "para salvar a los
hombres", pero los hombres siguen condenados y la cruz no es más que un logotipo.
"Igualdad, libertad, fraternidad", reza el ideario de la Revolución Francesa,
que a ciencia cierta debe parecer irracional a los africanos discriminados de los
suburbios de París. ¿Y qué decir del "proletarios de todos los países,
uníos" que gritaban los bolcheviques camino del Palacio de Invierno? Hoy sus nietos
mueren de soledad y alcoholismo en las aceras de Moscú.
En 1968, "la imaginación al poder"
fue una de las pintadas mas famosas de las revueltas callejeras del Mayo Francés. Tenía
su gracia y, de haberse convertido en realidad, hoy nuestros vecinos escucharían
apasionantes discursos presidenciales, pero Jacques Chirac, incapaz de pronunciar tres
palabras seguidas sin leer en un papel, se halla a tantos años luz de ser un hombre
imaginativo como Zaplana de parecerse a Montesquieu.
En Occidente, la política se basa en un juego
retórico destinado a amansar fieras e ir aguantando mientras dure el pastel. ¿Había
algo de verdad en aquello de "vamos a hacer el cambio" que se inventaron los
sociatas cuando la corrupción empezó a enseñarles las orejas del lobo? No, pero
funcionó una primera vez. La segunda, el "vamos a hacer el cambio del cambio"
fue ya una insolencia y una falta de educación y por eso la ciudadanía los mandó al
carajo. Ahora, los del PP están en el "España va bien", recientemente
sustituido por el "vamos a más", que en esta Comunidad pasó a ser la variante
"poder valenciano", pero lo cierto es que quienes hace unos años tenían
problemas para llegar a fin de mes siguen teniéndolos ahora, lo cual indica que el
lenguaje, como la aspirina, oculta los dolores, pero éstos vuelven siempre a jorobar si
no se remedia la enfermedad.
De vez en cuando -la última el pasado día 19-
el consejero de Bienestar Social, Rafael Blasco, se jacta en esta misma página de que su
partido tiene un corazoncito social y apoya el voluntariado ciudadano y la solidaridad
entre los pueblos, pero acabamos de saber que del dicho al hecho hay un trecho, porque
según denuncia Julián Monleón, presidente de la coordinadora de las Organizaciones No
Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD), los fondos públicos que el Consell destina al
presupuesto del 2001 para la cooperación han sufrido una merma de 1.220 millones de
pesetas respecto al pasado ejercicio, lo cual supone un descenso del 46,9% (¡una estafa!,
exclama Monleón). Mientras tanto, en las arcas gubernamentales hay 1.800 millones
calentitos que servirán para expropiar territorio virgen y construir un aeropuerto
innecesario en Castellón.
Algún día, cuando este gobierno autonómico
sea historia y los problemas sociales sigan sin resolver, buscaremos en la hemeroteca los
escritos de sus apologistas más destacados y comprobaremos de nuevo que el lenguaje
emitido desde el poder se presta al fraude verbal. La prueba es que tanto el Sermón de la
Montaña como la prédica neoliberal hablan de fraternidad, sin que por ello signifiquen
lo mismo.n
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