así está
el patio
Abbé Nozal
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Reproducimos uno de los singulares anuncios que aparecen regularmente en la prensa diaria y que inducen a pensar que acaso estemos viviendo en el país de la maravillas. O de los tontos.

REZA NUEVE AVEMARÍAS
DURANTE NUEVE DÍAS
Pide tres deseos: uno de negocios y dos imposibles. Al noveno día, publica este aviso. Se cumplirán, aunque no lo creas.

X.X.X.   

Pide tres deseos, uno de negocios y dos imposibles»... Pero bueno, por favor, vamos a ver si nos aclaramos. Imposible: que no puede ser, que no hay manera, que de ningún modo, ni empleando nueve arrobas de jaculatorias varias, así sean recitadas durante nueve días o nueve siglos. ¿Pero cómo puede haber todavía cretinos que encomienden la solución de sus problemas imposibles a la intercesión de las fuerzas ocultas del más allá?

Me invade una especial zozobra cuando leo estos pequeños asertos publicitarios porque, al margen de la estupidez que encierran, están indicando claramente que entre nosotros hay gente así de plana, quiero decir con el encefalograma así de plano. Es alarmante que nuestros conciudadanos, nuestros vecinos, aquellos con los que nos vemos a diario e incluso saludamos por la calle, buenos días, qué tal está usted, vayan luego al periódico a contratar un espacio publicitario de esta guisa, firmado al margen con sus iniciales. Lo peor es que serán padres y madres que en su día explicaron a sus hijos que los Reyes Magos no existen, que el Ratoncito Pérez es un camelo y Papá Nöel un chiste malo. Sin embargo, cuando les toca el turno, van y rezan nueve avemarías para que se les quite el lumbago, aparezca nuevamente la pierna que perdieron en un reciente accidente de tráfico o, más altruístamente, les toque el gordo de la lotería. Es un ejemplo como cualquier otro de peticiones imposibles, pero seguro que si pudiéramos conocer los escondidos deseos de quienes acuden a esta práctica, estaríamos riéndonos hasta morir, accidente éste que más de uno habrá pedido en oración no se produzca hasta el año 2123. O hasta el 6.000, total, puestos a pedir imposibles... ¡Dame, Señor, la vida eterna! (Junto a Claudia Schiffer, si puede ser, que ya sabemos que sí, que es perfectamente posible una vez cumplido el requisito de la plegaria. Así que ponme también, en el lote, a Lynda Evangelista y a Naomi Campbell, en pelotas).

No es para tomárselo a broma. La pervivencia de este tipo de proceder, que fué común cuando el hombre vestía taparrabos y encontraba hostil cuanto le rodeaba, es algo realmente preocupante. Y que este hecho sea tolerado y hasta bien visto por el común de mis vecinos, dice a las claras que vivo todavía en el pleistoceno, rodeado de monos que se han puesto de pie pero aún no saben qué hacer con el cerebro.q

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Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com