| Publicó su primera novela, Cacereño, en 1969, en 1976 recibió el Premio Nadal por Lectura insólita de «El Capital»; entre sus obras destacan El año de Wolfram, El Mar es una mala mujer, adaptada a cine y televisión y Tantos inocentes, además de su último libro de viajes, Castilla en Canal, que se presenta este mes y del que ofrecemos en absoluta primicia uno de sus excelentes capítulos* |
| lo firma... |
| Raúl Guerra Garrido |
| - |
| decálogo |
| de la función pública |
Comer donde lo hacen los camioneros garantiza algo más que un excelente y económico menú del día...
Entras en casa Paco, en las afueras de Mozón, y atiendes más a la charla de los clientes que a la carta que, amable, te ofrece una desaliñada jovencita. Se pasan de mano en mano un papel y a tus oídos llega una auténtica perla no cultivada: «mira, la patria es lo que me enseñaron en la mili, cuando ves a un francés o un inglés por ahí, por la calle, ¿no te da rabia?, pues eso es la patria». La definición te parece antológica, pero si tercias en la charla es por otra curiosidad. Cuando te pasan la fotocopia decides que es tu día de suerte, de seguir así enhebrarás un collar entero. El texto de tan volandero (quizá mejor volantista) papel está encabezado por el epígrafe «Decálogo de la Función Pública Española» y es más enjundioso de lo que pueda parecer en una rápida y distraída lectura, bastante más que el de otras cadenas de pasa-la-bola e incluso próxima a la sutil mala baba de los principios de Peter, las Razones erróneas de por qué las cosas salen mal y otras fifligranas así, anglosajonas. Transcribes sus diez puntos:
Sensata determinación de objetivos / Optimismo ante la bondad del proyecto / Desorientación en la puesta en marcha / Desconcierto en el modus operandi / Cachondeo por los primeros resultados fallidos / Búsqueda metódica de culpables / Sálvese quien pueda / Castigo ejemplar de inocentes / Recuperación del optimismo / Culminación tardía pero defectuosa / Merecido ascenso a los no participantes.
Bien podría tomarse por columna vertebral de nuestra sociedad, piensas. Curioso carisma el del número diez y más curiosa su excepción, en ningún deporte de equipo son diez los jugadores que se enfrentan a otros tantos aunuqe, mano a mano, hagan diez al baloncesto. No dudas en calificar de patriotas a los camioneros, pues en sus corrosivas chanzas contra los políticos se han referido se han referido siempre a la España estatal y cual y no al vergonzante apodo de Estado español; puede que sin saberlo formen una ilustrada sociedad de amigos del país. El texto termina con unas intranscendentes generalidades y reserva toda su enjundia para la llamada a pie de página. Consúltuese.
Tu pensamiento vuela a otra anécdota. No puedes remediarlo, los funcionarios, sobrenaturales seres con siempre un problema ante cada solución con que se les ofende, no te caen bien. Por aquello de que sólo se dice el pecado, al protagonista le atribuyes el alias de Antonio González Garzón, suena parecido y le colocas en el Servicio de Publicaciones de un ministerio. Escritor vocacional y funcionario vanal, de la vanalidad hizo lucha revolucionaria. Procedente del realismo socialista, con varios títulos en la primitiva Seix-Barral, sacadas las oposiciones decidió dinamitar el sistema desde dentro, como hacían los topos de CC.OO. con el sindicato vertical; su acción revolucionaria fue una tajante negativa a trabajar, para así enfrentar al aparato administrativo a su más preclara contradicción: la inoperancia. En su despacho los expedientes ni se demoraban ni se traspapelaban, simplemente desaparecían; en su deambular en busca de la máquina de café los abandonaba sobre la primera mesa que le salía al paso. Jamás supo el desenlace de ninguno de ellos, pues ninguno regresó a su escritorio. Nunca le llamaron la atención, ni los franquistas, ni los socialistas ni los populares; se limitaron a arrinconarle en una salita donde nadie le incordiaba y en cuyo aislamiento fue feliz escribiendo novelas alegóricas, relatos en los que una y otra vez reincidía en el tema de la cja china o la matrioska, o sea en la vanalidad de un comlejo juego de paciencia, cuyos sucesivos receptáculos sólo eran capaces de contenerse a sí mismos e incapaces de establecer con el mundo exterior ninguna otra función que no fuera la de adorno. Le jubilaron con la escala más baja posible para sus muchos años de servicio, en el mismo Servicio de Publicaciones en donde se inició. Teórico incorregible, a su acción revolucionaria la denominó circunfleja, nadie sabe por qué. Nunca trabajó, pero el sistema resistió incólume.
Excelente la menestra de cordero. Quizá otro día, con estos mismos materiales y un poco de fantasía, tú mismo te decidas a escribir otra historia más romántica, la del funcionario y la joven hebrea. Al salir, compruebas que la puerta de la calle es corrediza y provisional. Los funcionarios de la seguridad en los establecimientos públicos obligan a cambiarla porque ha de abrir hacia fuera y los encargados de la conservación del patrimonio también obligan a cambiarla, pues, para no romper el tipismo, ha de abrir hacia dentro.
r*Del libro CASTILLA EN CANAL, de Raúl Guerra Garrido (Muchnik Editores, S.A.). Con el permiso expreso del autor.
| nnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn |
| Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com |