Especialmente motivado por la agresión que sufre el entorno de los monumentos románicos con que cuenta la provincia de Palencia, el autor reflexiona sobre lo que debía ser un claro distintivo de nuestra identidad histórica y cultural
lo firma...
Narciso Maisterra

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arte románico
estética de un paisaje
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El buen perfume se vende en frascos pequeños, pero se procura dotarle de un envoltorio atractivo

Parece como si desde tiempo inmemorial se hubiera establecido el deseo de aniquilar las posibilidades estéticas donde se encuentran enclavados los humildes pero encantadores edificios del arte románico en Palencia. Se empieza por cortar los pocos árboles que quedan, alegando cualquier razón más o menos imaginativa (la necesidad de calentarse en invierno ya no es razón) que justifique el uso de la sierra motorizada.

Por otra parte, el desarrollo energético impone la exhibición de los grandes tentidos eléctricos, que surcan el paisaje español por los sitios más visibles, haciendo patente su existencia en los lugares más altos de la topografía donde, por parecidas razones, se encontraban ya mucho antes los campanarios de nuestras iglesias.

Igualmente, y abundando en este despropósito estético, solemos encontrar enormes depósitos elevados que suministran agua a los pueblos y que compiten groseramente, por su forma, tamaño y materiales, con las torres románicas de las que tan abundantemente está sembrada nuestra geografía.

Hay que sumar en este caos todas esas edificaciones de pequeño tamaño construidas por algún motivo práctico, sin tener en cuenta razones de estética o simplemente de respeto a un patrimonio que ahora tratamos de mostrar al mundo. Es común la presencia en los pueblos de una gigantesca nave, un edificio de uso agrícola y de dimensiones colosales, que produce un hiriente cambio de escala en la relación a los valores paisajísticos del entorno, hasta el punto de que las colinas circundantes parecen simples montones de tierra. No digamos en lo que se han quedado esas casitas que se apiñaban alrededor de la iglesia, ahora humilladas a la sombra de estos alamacenes, construídos además con los materiales más baratos y sin que, al parecer, deban someterse a normativa alguna.

Por si esto fuera poco y para remate del caos visual que exponemos, en estos ùltimos años ha hecho su aparición «el chalet», una construcción realizada generalmente con materiales importados, usados ignorantemente por aquellos propietarios que parecen querer demostrar su poderío económico en la reciente historia del hormigón y el vinilo.

Por otro lado, ¿Cómo es posible que, si según Víctor de la Serna la provincia de Palencia contiene la más rica concentración de arquitectura románica de Europa y, por tanto, del mundo, ni siquiera se mencione su existencia en libros como «History of Art» de H.W. Jackson, catecismo del estudiante de Arte?

Existe un principio fundamental del mercado inmobiliario que reconoce que la mejor inversión es comprar la casa más cutre en una barrio lujoso; sin embargo aquí parece que nos empeñamos en hacer lo contrario, cual es rodear la mejor casa con un entorno cutre... para que ni siquiera los turistas encuentren en ella algún interés. r

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Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com