El autor fue ponente en el último congreso Estampa’98 celebrado en la Calcografía Nacional. José Ramón Alcalá es director del MIDE y catedrático de Nuevas Tecnologías en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca
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José Ramón Alcalá

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Posibilidades, usos y límites de la estampa digital. Hacia una nueva cultura visual

La incorporación de las nuevas tecnologías al mundo de la creación contemporánea como moneda corriente en este final de milenio, ha puesto en tela de juicio los parámetros anteriores mediante los cuales se clasificaba y catalogaba genéricamente a cada una de las disciplinas artísticas tradicionales según su particular modus operandi. Hasta ese momento, cada especialidad generaba una serie de características privativas de ese lenguaje que no eran compartidas con ningún otro medio. De este modo, disciplinas como la pintura, la escultura, el grabado o la fotografía han convivido a lo largo de los años sin conflictos, en tanto en cuanto, cada una de ellas tenía claro su propio territorio de actuación. Pero, en concreto, las tecnologías digitales han sometido a discusión conceptos que hasta hace pocos años resultaban inamovibles, tales como el concepto de estampa, definido hasta ese momento con una meridiana claridad en los diccionarios de arte gráfico de todo el mundo. Ahora, cuando las nuevas tecnologías y sus innovadoras formas de impresión comienzan a invadir abrumadoramente la escena artística, es urgente replantear los términos en los que hasta ahora veníamos hablando, toda vez que estas nuevas formas de creación comienzan a transgredir los límites entre las disciplinas antes apuntadas. Hace unos meses hemos podido contemplar en la Calcografía Nacional una interesante exposición que, bajo el título "La estampa digital", ha echado por tierra muchos de los prejuicios antes apuntados. De hecho, en esta exposición se entremezclaban bajo una misma terminología, obras que hasta ese momento habrían pertenecido sin ningún género de dudas a disciplinas tan diversas y, aparentemente, con tan pocos elementos en común como el grabado, la escultura o la fotografía. Que duda cabe que esta nueva óptica, bajo la que se aglutinan los tradicionales modos de creación generados mediante distintas técnicas que ahora confluyen en un mismo lugar común (y conjugados indisolublemente con las nuevas tecnologías de impresión), suponen una llamada urgente a la reflexión y el replanteamiento de los viejos cánones artísticos. En la actualidad, bajo la denominación común del término inglés print, se han consensuado posturas hasta ahora irreconciliables y que pertenecían a naturalezas distintas y dispares en su modo de gestarse. Así, ahora podemos denominar print, tanto a la copia reproducible mediante la plancha matriz de un grabado calcográfico, como a la imagen surgida de un negativo registrado mediante una cámara oscura o a la imagen virtual generada en el ordenador. Pero, yendo aún más allá, las implicaciones no sólo afectan a propuestas creativas sobre el plano bidimensional como el grabado y la fotografía, sino que otras disciplinas como la escultura han utilizado también por primera vez su denominación de print, puesto que la matriz digital ha sido la generadora indiscutible de la pieza final en tres dimensiones.
En la actualidad, y siempre según esta terminología anglosajona, podemos considerar estampa digital a toda aquella imagen múltiple y reproducible surgida de una matriz, ya sea real (como la plancha de grabado o el negativo fotográfico), o ya sea virtual, como la que se genera en el ordenador y que carece de soporte físico. Siempre que una nueva disciplina irrumpe con fuerza en la escena artística se plantea la necesidad de proponer un foro de discusión para establecer, aunque sólo sea de manera incipiente, los territorios de actuación del nuevo medio. Al igual que en el siglo pasado el arte gráfico y la pintura se vieron seriamente amenazados por la aparente infalibilidad y fidelidad visual de la fotografía, y sintieron la imperiosa necesidad de redefinir su función dentro de la sociedad contemporánea, ahora de nuevo, la aparición de las nuevas técnicas de impresión digital ponen en jaque los medios tradicionales de producción de imágenes múltiples. Por ello, consideramos necesario entablar un debate en el que se vean implicados todos los sectores afectados, y que tiene como objetivo prioritario la definición de las nuevas líneas abiertas por la tecnología digital. Esta injerencia de la nueva tecnología en los modos de producción que aparentemente no le son propios, genera una serie de incógnitas que los medios clásicos de obtención de imágenes múltiples necesitan esclarecer para determinar sus propios límites e hibridaciones. Parece igualmente oportuno plantear diversas preguntas que afectan a todas estas disciplinas de las que se han servido los medios de digitales impresión, con el fin de analizar hasta qué punto influyen estos nuevos modos de producción y reproducción de la imagen múltiple en los aspectos lingüísticos más privativos y definitorios de cada una de las disciplinas anteriormente apuntadas. Conviene aclarar, si ha lugar, la nueva categorización de la imagen digital como disciplina autónoma, y hasta qué punto esta nueva tecnología es capaz de generar sus propios recursos expresivos y diferenciales de cualquier otro medio creativo. Esto conlleva inevitablemente una pregunta que espera urgente respuesta dentro de este foro multidisciplinar: ¿Es capaz la tecnología digital de generar su propio lenguaje y, por tanto, su propio discurso plástico? O por el contrario ¿es su propio carácter híbrido el elemento que la hace distintiva respecto a las demás propuestas, a la vez que irremediablemente supone un aprovechamiento de las técnicas y disciplinas tradicionales de producción y estampación para poder generar una imagen digital en toda regla?
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Ilustración: «Tornillo de rosca azul, 1998», estampación digital, obra de Abbé Nozal perteneciente a la serie «Digital Art Dollar»
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Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com