El autor, conocido y prestigioso abogado palentino, muestra en este artículo su discrepancia con el enfoque que esta revista ha dado a la exposición de Las Edades y manifiesta su complacencia con dicha muestra.

 

lo firma...
Ricardo Gutiérrez

 

Las Edades del Hombre:
Un merecido privilegio

 

Detalle "Nacimiento de la Virgen" (P. Berruguete)Aunque casi por sistema me divierte y complace llevar la contraria a los contertulios y algunos de ellos firmantes de ácidos artículos en contra de las «memorias y esplendores» que se evocan en nuestra ciudad, en esta ocasión no sólo me opongo y lamento el infortunio de la crítica sin más razón que la inexplicable subjetividad del cerebro humano, sino que es de obligada justicia, y aun de exigencia moral, alzar la voz o la palabra escrita cuando se tiene oportunidad de contrarrestar en el mismo medio y simultáneamente en el tiempo lo que a mi juicio es un desafuero, dicho sea con respeto personal para los desacertados autores y muy especialmente para quien es alma motriz de la publicación: Nozal, quien con su libertario sentido de la opinión, enmaquetará este artículo, discrepante al máximo, con el resto de la revista. Y para terminar este casi anacoluto de saludo, procedo a expresar mi opinión.

En este país - como dijo Larra - hoy día cada uno es muy libre de opinar lo que le venga en gana, de cargar las tintas contra una muestra de arte o, por mi parte, cuestionar si las críticas que se vierten son fundadas o responden a una predisposición ideológica contra quien promueve la exposición: las diócesis castellano-leonesas, esto es, la Iglesia en última instancia. Las Edades del Hombre, un título que hace unos diez años empezaba a oirse como una suerte de experimento, hoy es todo un sello de calidad artística, organización eficiente y provecho derivado allá por donde se asienta. Es un sello que ha dejado su huella en Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Bruselas, Burgo de Osma... y ahora se abre a Palencia y Palencia se abrirá a Las Edades.

Aun antes de empezar la exposición, ya se pueden hacer algunos balances, todos ellos enormemente positivos y que, sin duda, se irán superando los próximos meses. Palencia empieza a sonar y, esta vez, por algo «bueno», cultural y no efímero; esta vez no es un suceso, es un acontecimiento de trascendencia nacional e internacional, duradero en el tiempo y de indudable impacto aun antes y después de la muestra. Es un merecido privilegio para Palencia.

Parece claro que con nuestras dimensiones social y geográfica, no nos era posible aspirar a ser sede olímpica, organizadora de campeonatos mundiales, de Exposiciones Universales y otros fastos de alcance mundial en el siglo que termina, pero salvando las distancias, Palencia, con su exposición de Las Edades del Hombre queda para la memoria y da esplendor en un hito cultural no repetido desde que los Estudios Generales se trasladaron a Salamanca, acaso con la sola excepción del inicio de las obras de nuestra Seo en 1321.

Dejo a quien corresponda y para el momento que corresponda los números y estadísticas de visitantes, comidas, pernoctas y otros beneficios «colaterales» que bien vendrán, pero en todo caso entiendo que lo ya conseguido no es poco, y bien vale las pequeñas molestias que nos hayan supuesto; como dijo Enrique IV de Francia al llegar al trono «París bien vale una misa».

Quiero felicitar a la Fundación «Las Edades del Hombre», a sus organizadores y responsables, a las Administraciones Públicas y personas que han colaborado y contribuido personal o económicamente a esta realidad. Entiendo como ejemplarizante la gratuidad de la entrada y la exquisita y discreta gestión que ha existido en todo momento y que, paradójicamente, ha merecido también críticas tan inconsistentes y generales como las que hacían referencia al propio título de la muestra.

En definitiva, desde un punto de vista puramente material, sólo encuentro méritos y bondades en la exposición; pero es más, dando su valor al espíritu que cohabita con la materia, como el sujeto y la forma del hilemorfismo aristotélico, considero que la contemplación de las obras seleccionadas en tan singular museo, nos invitará a reflexionar, interiorizando en nosotros mismos y en otros valores no precisamente materiales a los que, a menudo, sólo somos sensibles en muy especiales situaciones de la vida. n

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Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com