| Resulta sospechoso un proyecto de índole cultural que insiste con tanta vehemencia en lo acertado du su postulado y en lo conveniente del patrocinio por parte de una institución que gestiona fondos comunitarios... |
Fundación Las Edades del Hombre: A golpe de subvención
La mano invisible de la Iglesia ha entrado en el cajón donde se guardan los dineros del contribuyente. Hasta la fecha, La Fundación ha recibido más de 3.500 millones. La cuenta sigue.
C
ada vez que los medios de comunicación se hacen eco de alguna noticia relacionada con la «Fundación Las Edades del Hombre», invariablemente surgen los millones de pesetas que tal Fundación va a recibir para esto o aquello. Algo impensable en el origen de «Las Edades», cuando el difunto José Velicia proyectaba tan sólo una exposición en la catedral de Valladolid que, a la postre, ha resultado ser la más barata de cuantas luego han ido celebrándose hasta llegar a esta séptima edición palentina subtitulada «Memorias y Esplendores». Es importante señalar que fue precísamente el éxito de público y sobre todo la enorme transcendencia publicitaria que obtuvo la muestra vallisoletana, lo que determinó la creación de una fundación que, bajo el mismo nombre, se encargaría en el futuro de seguir organizando similares exposiciones y, de paso, absorvería cuantiosos fondos económicos destinados institucionalmente a «promoción cultural». El espaldarazo que en su día recibió José Velicia por parte de la Conferencia Episcopal para aquella su primera exposición, pretendía enjuagar la nefasta imagen que los jerarcas clericales se habían ganado a pulso, en cuanto a gestión y conservación del patrimonio sacro en nuestro país, gestión y conservación que durante larguísimos años consistió en todo lo contrario, esto es abandono y enajenación del patrimonio de los españoles, de todos los españoles -véase la Ley de Patrimonio Español de 1985-. El objetivo, pues, de «Las Edades del Hombre» no fue en su origen sino una cortina de humo -en expresión de Pedro Navascúes, catedrático de Arquitectura y académico de BBAA- arrojada sobre la impericia, la astucia y, en múltiples casos, el bandidaje.Además de camuflar frente a la opinión pública una actitud secular, la iniciativa de «Las Edades» se mostró de inmediato como algo en sí mismo extraordinariamente rentable, de modo que resultó obvio aprovechar semejante hallazgo creando, como ya se ha dicho, la Fundación Las Edades del Hombre.
No tenemos todavía datos exactos de los diferentes presupuestos que se han manejado en la organización de las seis exposiciones anteriores (Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Amberes y Burgo de Osma), aunque podemos fiarnos -¿debemos fiarnos?- de las declaraciones de Antonio Meléndez, comisario y director de la Fundación, quien asegura que «el coste de Memorias y Esplendores ronda los 330 millones de pesetas, una cifra muy similar a las que se han venido manejando en las exposiciones anteriores». O sea, cuestión de multiplicar 330 por 7 para obtener un total.
Hagan ustedes la cuenta... pero permitan antes alguna reflexión acerca de lo que se precisa para el montaje de estas o cualesquiera otras exposiciones: obras, recinto donde situarlas, decoración del mismo, iluminación, seguros, transporte, personal para atender al público, catálogos, publicidad. Bueno, pues resulta que por las obras de arte no hay desembolso, ya que siempre estuvieron donde ahora están (de las 280 piezas de las que se compone la muestra, sólo el 10% han sido tomadas de otras iglesias); la Catedral de Palencia, recinto expositivo, tampoco hay que construirla -afortunadamente, pues hoy resultaría carísimo el metro cúbico de esclavos-, aunque sí ha sido conveniente remozarla por dentro y por fuera, si bien para eso han llegado fondos del Plan Nacional de Catedrales (iniciado por el anterior Gobierno socialista y firmado por la Iglesia con el Gobierno de José María Aznar), además de algunas partidas provinientes de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, o aún otras de instituciones como Diputación o Ayuntamiento, y hasta del colectivo de empresarios locales (CPOE), sin contar la parte que destina la Comisión Territorial de Patrimonio que, según Carlos de la Casa, por entonces director general, reparte 500 millones de pesetas en los monumentos de Palencia, o lo manifestado por la actual consejera de Educación y Cultura, Josefa Fernándz Arufe, al respecto de la inversión de la Junta en el Camino de Santiago, en zona de Catilla y León donde Palencia es parte y arte, que asciende a 4.200 millones; o sea que apenas le queda a la Fundación Las Edades del Hombre sino cargar con el coste de cuatro paneles prefabricados y darles una mano de blanco mate.
Respecto a la edición de folletos, existe un convenio con la Diputación de Palencia, que los paga (la Diputación no sólo corre con los gastos de 300.000 ejemplares, sino que además se encarga de: la elaboración de un video, el mantenimiento de la información en internet, promoción en ferias nacionales e internacionales, instalación de vallas publicitarias de gran formato, equipamiento en las oficinas de Turismo, instalación de una oficina de información permanente en los alrededores de la Catedral, contratación de personal y formación específica, presentación pública de «Las Edades» en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valladolid, etc.) El catálogo, más voluminoso y sin convenio, se pone a la venta con un precio aproximado a las 5.000 pts., de forma que muy probablemente dará beneficios. En fin, podríamos seguir enumerando la sorprendente aportación monetaria de múltiples organismos para sufragar cualquiera de las necesidades que surjen en el montaje de una exposición de estas características, pero baste decir que han sido muchas y cuantiosas. Sin embargo, puesto que las necesidades ya las tienen cubiertas, nos preguntamos en qué se va a gastar la Fundación de Las Edades del Hombre esos 330 millones de pesetas que, según su director, les cuesta el montaje -otras fuentas sitúan en 400 millones los que va a invertir la Fundación que, por cierto han sido aportados por Caja Duero y la Junta de Castilla y León-. ¿Se van a gastar 330 ó 400 millones, millón arriba, millón abajo, en dar una mano de pintura, blanco mate? ¿O quizá es así de elevada la minuta del decorador, a la sazón el arquitecto Pablo Puente, amigo del fundador y autor del montaje de todas y cada de las muestra habidas hasta la fecha, en las que aprece consignado como coordinador? ¡Ah, misterio!
Misterio doloroso e indescifrable para nosotros, pecadores; mas presumimos que misterio gozoso para quienes están en el ajo, para quienes conocen el último secreto de cuanto se ha publicado y conocen también lo que nunca se publicó. Hablamos de Antonio Meléndez, comisario, pero también de Santiago Martínez Acebes, arzobispo de Burgos y presidente de la Fundación; Sebastián Battaner, presidente de Caja Duero; José Jiménez Lozano, autor del guión (después de que anunciara públicamente que se desmarcaba de «Las Edades» y cuando dicho guión ya estaba abocetado por Miguel de Santiago y Joaquín Luis Ortega); Eloísa García de Wattemberg, que fue en su día responsable de Patrimonio y Promoción Cultural en la Junta de Castilla y León; Josefa Fernández Arufe, actual consejera de Educación y Cultura; Rafael Palmero, obispo de Palencia; el comisario local, Angel Sancho, etc.
Mientras tanto, los medios de comunicación propagan solamente lo que interesa a la Fundación Las Edades del Hombre, cuya maquinaria propagandística funciona a la perfección. El mensaje de que Las Edades se parecen mucho a la gallina de los huevos de oro, ha calado entre la población y así ya nadie discute las grandes inversiones públicas -aunque oscuras-, esperando rentabilizarlas con desproporcionados beneficios colectivos. El propio presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, justificaba las subvenciones otorgadas a la Fundación y otras inversiones en infraestrucutra urbana o asignaciones para la restauración de las piezas, en el caso de la exposición «Memorias y Esplendores», augurando para la ciudad de Palencia una afluencia turística de más de un millón de personas durante los seis meses que dura la muestra. Antonio Meléndez abunda en los huevos de oro y asegura que estas exposiciones han generado alrededor de 100.000 millones de pesetas. Está claro que esta es la mejor manera de vender un producto y no es de extrañar en consecuencia que, por una parte, muchas ciudades estén en la lista de espera y, por la otra, nadie cuestione las millonarias subvenciones recibidas por la Fundación. Las Edades del Hombre se han convertido en un producto, con marca registrada, que los obispos enseñan como distintivo emblemático de su buen hacer en la conservación del patrimonio, pero que venden al mejor postor. No sorprende que ante el éxito financiero obtenido por esta iniciativa, otras similares se estén poniedo en marcha en otros lugares de la geografía española, que asiste de esta manera a un resurgir del arte sacro y a una omnipesente dirección clerical en los asuntos de arte y patrimonio. Así, Béjar (Salamanca) estudia la creación de un Museo de Arte Sacro con obras cedidas por la diócesis y, desde el mes de mayo, Sasamón (Burgos) acogerá una exposición que reúne obras procedentes de 45 iglesias de la zona, que curiosamente titulará «Los Misterios del Hombe», con evidentes similitudes de intención y procedimiento, tanto que es como para pensar si la Fundación Las Edades no estará abriendo sucursales o admitiendo franquicias.
Y todo está ocurriendo con el beneplácito absoluto y la también absoluta colaboración de la Junta de Castilla y León, que parece haber otorgado a la Fundación carta blanca para disponer de los fondos presupuestarios que fueran menester para el montaje de cuantas exposiciones se le ocurran al señor obispo o al cura de turno, además de aceptar que levanten sus oficinas, su sede, en el monasterio de Santa María de Valbuena, ubicado en San Bernardo (Valladolid) que, como no podía ser menos, necesita rehabilitación y ya cuenta con 822 millones de pesetas de los fondos europeos FEDER, 300 millones de la Junta y otros 300 de Caja España.
Dentro de poco tiempo, alguien se preguntará si en este país existe alguna otra manifestación del arte que no tenga el apelativo de arte sacro y haya sido producido en la Edad Media. Dentro de poco cualquiera podrá pensar que en España los últimos artistas murieron con Berruguete. El arte contemporáneo no es del gusto de los obispos y, en consecuencia, tampoco puede contar con la ayuda económica de la Junta de Castilla y León que, en este orden de cosas, parece un órgano más de la Conferencia Epìscopal. Lo sentimos por nuestros artistas, que tendran que emigrar si no desean que les entierren antes de tiempo. No dejará de ser poético que el arte español del 2000 haya tenido que realizarse en USA. O en Panamá. O en Inuk.
Mientras tanto, vayamos todos a ver esta muestra titulada «Memorias
y Esplendores» que acogerá, como si fuera el maná prometido, la ciudad de Palencia. Y
preparemos las próximas: Astorga en el 2.000 y, en el 2001, Zamora.![]()
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| Revista "epítome" nº1 de 1999. http://nozal.com/epitome Administración y Redacción: epitome@nozal.com |