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- Mi ángel de la guarda
- NOZAL

Tal que así, tumbado tripa arriba, soñando
despierto con la mirada clavada en el techo de la habitación, acostado sobre una cama que
aún era virgen ése día, tal que así, digo, me entretenía enumerando los rayos de un
sol que estaba juguetón por la mañana.
Ya había contado veintisiete resplandores,
señalándolos con el dedo como haría García Márquez antes de ponerse a la tarea de los
cien años de soledad, cuando dejé reposar el brazo horizontalmente para que recobrase el
pulso de la sangre. Y la sangre se me vino de golpe al cuenco de la calavera. Menudo
susto: mi mano, que guardaba en el memoria de sus dedos el áspero tacto que de siempre
correspondió al pelo cardado de un manta palentina, palpó de pronto un denso plumón, un
plumón suave y algodonoso, como lavado con perlán. Volví la cabeza tan rapidamente que
a poco me parto el cuello. Allí, a mi lado, recostado en una posición similar a la mía,
sonriente y enmarcando intermitentemente las cejas, allí estaba EL: mi ángel de la
guarda.
- ¡Pedazo de cabrón -le dije-, me has dado un susto de
muerte!
- No tuve tiempo de avisarte -se disculpó-, vine a toda
pastilla, con lo puesto. Es que me han dado de baja en el Paraíso y, claro, me dije:
¿Dónde voy a ir que mejor esté?
Pobre, estaba muerto de hambre y tiritaba igual que un
niño abandonado a la intemperie. le acomodé entre las sábanas y, mientras iba
explicándome lo sucedido, fuí a prepararle un café caliente (a mi ángel de la guarda
le chifla el café caliente).
No sé cómo serán los demás ángeles custodios,
pero éste es lo más parecido a un cromo. Tiene alas de muchos colores y matices, sus
plumas son largas, esponjosas y huelen a champú de esencia de pino. Es regordete, bajito
y calvo... y siempre anda por ahí dando saltitos con el culo al aire. No vuela,
naturalmente.
Mi ángel de la guarda servía en la legión de
los "Opannim", la de aquellos eternos vigilantes procedentes de Argos, el dios
griego de los cien ojos que hizo un múltiple transplante de retina a la esbelta cola del
pavo real. Y allí, con los "Opannim", hubiera tenido un futuro comodísimo de
nos ser porque, al segundo día de la Creación, le sorprendieron dormido sobre una nube,
roncando como un mortal y soñando pornografías.
Sus primos Gabriel, Fanuc, Uriel y Rafael
intercedieron ante el Gran Hacedor para que le fuera otorgada una nueva oportunidad y así
es como pasó a encargarse de mi protección... protección, dicho sea de paso, que yo
nunca he acabado de entender porque, a la menos ocasión que se presentaba, allá que nos
íbamso de copas con Lucifer, Satán, Mastema y Beliar; juntos, más de una noche, nos
hemos cogido unas toñas de preocupar. Así que no me extraña que al final le hayan
puesto de alitas en la calle.
En el fondo me alegro por él. A mi ángel de la
guarda siempre le ha atraído más el jolgorio de los artistas falleros que aquella otra
historia de atmósferas celestiales.
- Tú eres un ángel muy chungo -le dije hace tiempo,
como temiéndome lo peor-, tienes una marcha de pirotécnico que ni los moros y cristianos
de Alcoy.
Y mi angelote, cruzándose de alas y agachando la
cerviz, me respondió: ¿Y qué le voy a hacer si me va la traca más que a un
artificiero?
A la postre ha sucedido lo que tenía que suceder. No
sé qué va a ser de mí a partir de ahora, con un ángel en mi casa, en mi mesa, en mi
cama... sobre todo en mi cama porque, como buen ángel que es, no hace ascos a nada.n
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Ilustración que encabeza el texto: "Angel
en gris", fotocomposición de Nozal para el II Congreso de Angelología
Agnóstica.
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Este artículo fue publicado en el periódico "El Norte de Castilla" (2 enero
1981)
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