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- Juan José Lucas, las vacaciones y el gorrión
- NOZAL

Aquélla tarde de
verano, Juan José Lucas estaba tendido sobre una hamaca de esparto, colgada entre dos
pinos, absorto en el levísimo tembleque de un puñado de hojas puntiagudas que
recortaban, a contraluz, su tenue silueta verdinegra. Se sentía con la mangla encima. Y
con todo el derecho del mundo a rascarse la barriga durante algunos días de recreo:
también los políticos se merecen una vacación.
Bajo la sombra de los
pinos, en plena digestión de un bote de fabada, debatía consigo mismo en un duermevela
pobladito de dulces pesadillas. Soñaba que iba galopando al frente de sus huestes,
blandiendo en la diestra la tizona del Campeador y alentando a sus consejeros al grito de
"¡Aznar y cierra España!" Había alzado la espada y a punto estaba de
descabezar al mismísismo Pujol cuando un gorrión desorientado le cagó en la frente. Ya
ni los pájaros respetan la siesta del flamante presidente de Castilla y León.
Cambió de postura tras
pringarse las manos con aquélla cagarruta y, a los pocos minutos, se encontraba
nuevamente inmerso en las batallas del sueño, esta vez en Fuensaldaña, donde había
mandado levantar un patíbulo conmemorativo, en oro, tabón y piedras preciosas, y allí
andaba ajusticiando a un montón de socialistas, por rojos, voraces, ateos y enemigos de
la Moncloa. Por capullos.
La gente del populacho,
zarrapastrosa y arapienta, azadón en mano y agitando al viento clónicos sombreros de
paja, todo gris y barro, vitoreaba a su presidente a medida que iban cayendo los
principales líderes de la oposición. Cuando hubo terminado con la disidencia, armó a
sus fieles vasallos y los instaló en las tripas de un caballo de madera al que puso por
nombre "Troya"; y tras veinte leguas de viaje subacuático, sorteando toda clase
de peligros y acechanzas, salvando las tenebrosas simas del Canal de Castilla, celosamente
guardadas por José María de la Guía, un feroz monstruo de afiladísimos colmillos,
descendiente de Cronos, que devora a cuantos osan mancillar la esencia de las aguas
-"todo vale en los sueños", decía un cartel anclado en la esclusa veintiocho,
en Grijota-, sorteándolo todo, digo, llegó hasta Lisboa, vió y venció, conmemorando
así los 103 años del Tratado con la anexión de Portugal. Las cosas se hacen bien o no
se hacen, sí señor. Ahora su testa presidencial gobernaba sobre una extensa región
denominada Castellanoleonaportuguesa.
Siguió batallando con
denuedo a la conquista de Europa, una vez sometida la península ibérica y, en una abrir
y cerrar de ojos, era ya el sheriff de todo Occidente. Pactó luego con los innumerables
jomeinis para nombrar a Alá por su nombre de pila; se jugó a continuación el arroz
chino a los idem, ganando al primer envite; cambió Honkong por siete acciones de
Crystaloid, se quedó con Japón tras un farol afortunado en una comprometida partida
de póker y acabó ganando las presidenciales de E.E.U.U. gracias al apoyo de los hinchas
hispanos, que amenazaron con dejar de barrer aquél pais si él, el ínclito Mister Juan
PP Lucas, no salía elegido.
Y cuando a punto estaba
de enviar sus naves a Júpiter para anexionar a su imperio el espacio exterior, volvió el
maldito gorrión diarréico a cagarle en el cogote.
Una ligera brisa hacía
silvar las agujas del pino y la tarde declinaba. La placidez era casi absoluta y podía
rozarse la felicidad con la punta de los dedos; el clima, espléndido; y el ocio que se
prometía a sí mismo surgía deliciosamente alentador. Estaba de vacaciones. Todo
perfecto. Todo, a excepción de ese pajarillo idiota que ignoraba el rango del ilustre
sesteante. Todo, salvo ese mierdecilla cenicienta, casi nada: el símbolo de la cruda
realidad, un patético mensaje de la actualidad regional, la calificación nada subliminal
sobre los resultados de una gestión política evidentemente ineficaz.
Bah, pelillos a la mar.
El baranda de la Junta había cerrado con siete llaves la puerta del Palacio; mochila al
hombro, incluyendo en el macuto un bermudas estampado con gaviotas, se había largado a
los pinares pucelanos a dorar el músculo albino y flácido del que hacen gala cuantos,
como él, dedican un extenso horario al fluorescente de los despachos.
Juan PP Lucas, que
había zanjado la evaluación del curso político autoconcediéndose un sobresaliente en
la tribuna de los medios de comunicación, invitó a comer en el "santuario" del
Montico a todos sus feligreses e inauguró oficialmente el pantano de las vacaciones.
Satis al tropel de Consejeros. Hala, todos al agua.
Ojalá sea para bien.
Ojalá, aprovechando el verano, el grueso de los ilustres se den una vuelta por Pujolandia
y tomen apuntes para la recuperación del próximo curso. Tal vez, a la vuelta del recreo,
hayan aprendido algo de sus colegas catalanes y nos sorprendan a todos manejando las
pesetas del presupuesto con la soltura que requiere nuestro agónico desarrollo.
Por ahora, con todos los despachos
cerrados, a esperar. Demos tiempo al baranda; esperemos que termine de despertar y tome
entonces severísimas medidas acerca del alpiste con que se alimenta ese gorrión de tripa
floja, porque apenas le queda a esta tierra ninguna otra cosa que no sea el fruto de sus
campos, y no estaría bien que este granero acabara matándonos a todos la flora
intestinal. Porque la flora bien, gracias, pero lo demás, desde la industria hasta la
esperanza, jodido, oiga.
Mientras el presidente ciscaba sus manos
con la última cagada del gorrión, un certero perdigonazo cortó en seco el gaznate del
osado pajarillo. El señor Jambrina, consejero de Medio Ambiente y, por tanto, empedernido
cazador, había hecho blanco en la diana. Ordenó a sus lacayos que disecaran a tan
delicado animalito para exhibirlo como trofeo y convocó rueda de prensa para informar a
los ciudadanos del éxito de su gestión.n
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Ilustración que encabeza el texto: "Político y desarme", 70 x 50 cm, Nozal, 1987
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Este artículo nunca fue publicado. Lo entregué al periódico "El Norte de
Castilla" (6 junio 1997) como un artículo más de cuantos hasta esa fecha venía
publicando dentro de la colaboración que mantenía con dicho periódico, sin embargo fue
censurado. Tal censura me obligó a romper dicha colaboración. Desde entonces sólo he
publicado ocasionalmente, atendiendo las personales peticiones del director local de
"El Norte de Castilla", Javier García Escudero. Al parecer habían recibido presiones de Presidencia... y dado que todo periódico independiente depende de quien paga y quien paga manda... me habían mandado a tomar por culo con mi independencia. Y allá estoy desde entonces: a tomar por culo con mi independencia.
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