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- El, ella, los dos.
- NOZAL
 
EL:
Su cerebro era una máquina más potente que
el más potente ordenador. Tenía una sóla neurona pero, eso sí, una neurona hermosota,
gordinflona, brillante e inflada como un garbanzo puesto a remojo. Todos sus
pensamientos se encadenaban uno tras otro en perfecto orden, jamás una confusión ni un titubeo. No
entendía de acertijos ni osaba definir complejidades metafísicas; lo suyo era la
evidencia escueta, la inocente verdad de Perogrullo que podía demostrarse sumando con los
dedos. Acostumbraba a decir: "Lo que es, es".
Por fuera, aunque se llamaba Donato, era
como los demás, del montón, ni muy así ni muy asá, normalito... si acaso pudiera notarse
una diferencia ésta consistía en la mirada que, a causa de la única neurona, era una
mirada fija, absoluta, casi tangible.
Leía muy despacio y sólo cuando había
entendido el significado de la primera oración, pasaba a la siguiente. Quizá por éso
jamás osó leer la Biblia ni el Astete ni el tratado quiromántico de Ferrer, ni el
compendio de Astrología que editara Salvat hace dos mil años en fascículos
coleccionables; sin embargo engulló matemáticas por un tubo y, con el tiempo, devino experto en jeroglíficos binarios, cero y uno, la nada y el todo, la ausencia
y la presencia. O sea, que su neurona rechoncha y única pasó a ser, además, una neurona
digital.
ELLA:
Desde que cumplió los catorce anduvo
enredando entre las bambalinas del teatro: debutó a los veinte con Casona, que es sin
duda la más triste manera de debutar. Luego, gafada definitivamente como
actriz, buscó la razón de la existencia a lomos de un dromedario, recorriendo el
desierto de Tamanraset con un grupo de visionarios apostólicos a los que más tarde
detuviera la policía cuando intentaban pasar por la aduana veinte kilos de hachís culero
aduciendo que aquéllo no era sino un milagro, lo cual, teniendo en cuenta la cantidad
mencionada, no podía ser ciertamente ninguna otra cosa.
Ella, abundando en el milagro, quedó libre
de sospecha y no fué detenida. Sola, sin otra posibilidad que no fuera el sano ejercicio
del "autostop", acabó en la India después un periplo africano que la hizo,
primero, esclava de un Mohatma argelino y, después, esposa de un millonario marroquí.
En la India aprendió a sanar tumores ajenos
imponiendo las manos sobre el cogote del afectado y se extendió a sí misma un diploma que la acreditara
como experta en levitaciones, bilocaciones y esfumatos. Con el diploma bien enmarcado
regresó a Palencia, de donde era originaria, y montó un despacho donde atender al personal deprimido. En la placa
de la puerta se podía leer: "María Manuela, Sanadora".
Despachaba diariamente a un puñado de tontos fanáticos y a más de un ilustre tonto, cobraba "la voluntad", estipulada en 30 euros, y luego iba a un restaurante vegetariano a ponerse ciega de coles de bruselas
y judías verdes. Allí conoció a Donato.
LOS DOS:
Se miraron; él clavó en los ojos de élla
un logaritmo neperiano obsesivo e hiriente; élla levitó dos palmos por encima de la
menestra de verduras, mostrándole sin aspavientos todos sus encantos. Fue un
flechazo. Aún no había llegado el postre y ya sabían ambos que el destino habrían de
compartirlo.
Se casaron un domingo, por lo civil, en el
Juzgado de la Plaza Abilio Calderón; por lo religioso en la Iglesia de Las Claras y por
el rito hindú, versión maríamanuela con aleluyas a Vishnú y a Shiva,
en el umbral del restaurante donde se conocieron y donde, a continuación, festejaron a
los invitados con espárragos dos salsas y algas rojas de los mares del sur.
El matrimonio duró dos días, esto es, el
lunes y el martes. Hoy, Donato, impelido por la misteriosa fuerza del desamor, anda como perdido
recorriendo paisajes lunares y paseando su nuerona, que se ha vuelto medio loca, por todos
los crepúsculos playeros del atlántico. Inexplicablemente, ahora lee novelas y disfruta
con el cine de autor.
María Manuela, después de haber prendido fuego al despacho -purificando en el incendio la foto de su efímero marido, que ardió para siempre junto
al diploma de sanadora-, regenta actualmente una carnicería, mantiene un foro
de discusión en contra de los vegetarianos y, hace apenas dos semanas, presentó su
candidatura independiente para las elecciones municipales bajo el explícito
lema de "O todo, o nada". En su primer mítin lo dejó bien claro, dijo: "Las
cosas son como son".n
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Ilustración que encabeza el texto: Dibujos de
Momo y Artemis pertenecientes a la colección 24 Dioses Griegos
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Este artículo fue publicado en el periódico "El Norte de Castilla" (3 junio
1995)
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