- Arte y feria
- por: Abbé Nozal
Ernesto Sábato,
ochenta y cuatro años. Sábato, autor de "El Túnel", "Sobre Héroes y
Tumbas" o "Abaddón el exterminador", de lectura obligada para los amantes
del terciopelo, se enfrentó recientemente a una entrevista donde dejó escritas algunas
reflexiones acerca de la vida: asegura que sólo el arte rescata al hombre de la
alienación. "El arte salva al hombre, la ciencia lo deshumaniza".
Miguel Torga -Adolfo Correia Rocha-,
que murió hace algunos meses con una edad parecida a la que ahora tiene Sábato,
insistía en el último volumen de su "Diario" sobre los tres componentes del
arte: "el amor, la verdad, la libertad"; tras lo cual y, en su ejercicio,
áclaraba: "Ser idéntico en todos los momentos y situaciones. Negarse a ver el mundo
por los ojos de los otros y no pactar nunca con el lugar común".
José Saramago, uno de mis monstruos
sagrados, al que aprecio íntimamente desde la soledad de la reflexión, acentúa siempre
el valor de la aceptación de la ambiguedad, el disparate, lo equívoco del arte como
esencia de la individualidad. Saramago denuncia la astracanada en que se ha convertido el
mercado del arte; el arte sería fruto de la espiritualidad, el mercado apenas una mala
formulación religiosa, lo más parecido a una Conferencia Episcopal. (A tener en cuenta
el ateísmo declarado de este genial escritor, a quien, con motivo de la presentación de
"Memorial del convento", un periodista preguntó: "¿Podrá haber alguién
más ateo que usted?". Saramago, pensando en Bartolomeu Lourenço, su propio
personaje, respondió: "Tal vez").
Sirvan estos tres párrafos
iniciales para centrar la cuestión. Algo está ocurriendo ultimamente, se palpa en la
conciencia colectiva, es como un regreso a lo auténtico , como si la sociedad empezara a
estar harta de tanto mamoneo cultural y buscase nuevamente el origen, la esencia del ser.
La ley del péndulo histórico, que cíclicamente pone la aguja de marear en el punto del
equilibrio, parece que está dispuesta a devolvernos la razón.
"Bajo los adoquines, la
playa", "Sed realistas, pedid lo imposible", "El arte total surje de
la marginalidad, todo lo demás es caca". Son frases que lanzaron al mundo los
situacionitas en el 68 y que vuelven a resonar, si bien todavía débilmente, en la
sociedad de hoy. Parece que no llegaremos a soflamas como la de Debord -el Bréton de los
situacionistas-, que exigía cerrar los Museos y repartir las obras de arte por los bares,
pero tal vez humanicemos ambas cosas y lleguemos a abrir más bares en los museos y a
colgar más obras de arte en los bares.
Lo que parece claro es que el arte y
los artistas impuestos por el estado o favorecidos por el Gobierno en razón a débitos
políticos, están siendo despreciados por un público cada vez más ávido de
autenticidad. Ya no es tan fácil darle a la sociedad gato por liebre. Seguramente no
quedará más remedio que apechugar con lo que en su día nos fué impuesto y habremos de
convivir con mausoleos donde se almacena un arte pretencioso, pero a sabiendas de que el
verdadero arte está en la calle, entre nosotros.
Aquella proclama de hace 25 años
que decía "Abajo la telecomunicación" es obvio que hoy día no puede
mantenerse, sin embargo será necesario que los medios telecomunicadores atiendan más a
las exigencias de autenticidad del hombre actual y menos al afán de propaganda de las
instituciones que ostentan el poder. De lo contrario el arte acabará por ser
definitivamente asesinado tras los muros de los Museos y en los escaparates de las
desprestigiadas Ferias. Recuérdese el lamentable episodio de amiguismo en la última
Documenta, la estrangulación sistemática de posibilidades por parte de un "comité
seleccionador" en Arco (la existencia de un comité que selecciona según afinidades
es algo inconcebible tratándose de un mercado libre, y consentir en su permanencia tiene
un nombre: mafia), y por no citar más, la Bienal de Venecia, que asumió una amuermante
representación española por más que lleguen a engolarla con distinciones y medallas:
Eduardo Arroyo, Andreu Alfaro.
Los especialistas del Mercado,
especialistas en encontrar la ocasión de compra-venta, han olvidado el arte. Tal vez
porque, si bien entienden mucho de Mercado, no tuvieron jamás ni puta idea de lo que
significa "amor, vida, libertad", las tres constantes del acto creador (Torga).
Y si, hasta ahora, han conseguido epatar a la opinión pública, poniéndola repetidamente
bajo la suela de sus zapatos, hoy ya no, hoy el público empieza a saber lo que quiere y
acabará desterrando a los mercaderes para buscarse por su cuenta el arte que le pilla
más a mano, donde a buen seguro encontrá lo genuino, lo verdaderamente honesto, lo
seductoramente libre.
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