debate: 09
Arte y feria
por: Abbé Nozal

Ernesto Sábato, ochenta y cuatro años. Sábato, autor de "El Túnel", "Sobre Héroes y Tumbas" o "Abaddón el exterminador", de lectura obligada para los amantes del terciopelo, se enfrentó recientemente a una entrevista donde dejó escritas algunas reflexiones acerca de la vida: asegura que sólo el arte rescata al hombre de la alienación. "El arte salva al hombre, la ciencia lo deshumaniza".

 

Miguel Torga -Adolfo Correia Rocha-, que murió hace algunos meses con una edad parecida a la que ahora tiene Sábato, insistía en el último volumen de su "Diario" sobre los tres componentes del arte: "el amor, la verdad, la libertad"; tras lo cual y, en su ejercicio, áclaraba: "Ser idéntico en todos los momentos y situaciones. Negarse a ver el mundo por los ojos de los otros y no pactar nunca con el lugar común".

 

José Saramago, uno de mis monstruos sagrados, al que aprecio íntimamente desde la soledad de la reflexión, acentúa siempre el valor de la aceptación de la ambiguedad, el disparate, lo equívoco del arte como esencia de la individualidad. Saramago denuncia la astracanada en que se ha convertido el mercado del arte; el arte sería fruto de la espiritualidad, el mercado apenas una mala formulación religiosa, lo más parecido a una Conferencia Episcopal. (A tener en cuenta el ateísmo declarado de este genial escritor, a quien, con motivo de la presentación de "Memorial del convento", un periodista preguntó: "¿Podrá haber alguién más ateo que usted?". Saramago, pensando en Bartolomeu Lourenço, su propio personaje, respondió: "Tal vez").

 

Sirvan estos tres párrafos iniciales para centrar la cuestión. Algo está ocurriendo ultimamente, se palpa en la conciencia colectiva, es como un regreso a lo auténtico , como si la sociedad empezara a estar harta de tanto mamoneo cultural y buscase nuevamente el origen, la esencia del ser. La ley del péndulo histórico, que cíclicamente pone la aguja de marear en el punto del equilibrio, parece que está dispuesta a devolvernos la razón.

 

"Bajo los adoquines, la playa", "Sed realistas, pedid lo imposible", "El arte total surje de la marginalidad, todo lo demás es caca". Son frases que lanzaron al mundo los situacionitas en el 68 y que vuelven a resonar, si bien todavía débilmente, en la sociedad de hoy. Parece que no llegaremos a soflamas como la de Debord -el Bréton de los situacionistas-, que exigía cerrar los Museos y repartir las obras de arte por los bares, pero tal vez humanicemos ambas cosas y lleguemos a abrir más bares en los museos y a colgar más obras de arte en los bares.

 

Lo que parece claro es que el arte y los artistas impuestos por el estado o favorecidos por el Gobierno en razón a débitos políticos, están siendo despreciados por un público cada vez más ávido de autenticidad. Ya no es tan fácil darle a la sociedad gato por liebre. Seguramente no quedará más remedio que apechugar con lo que en su día nos fué impuesto y habremos de convivir con mausoleos donde se almacena un arte pretencioso, pero a sabiendas de que el verdadero arte está en la calle, entre nosotros.

 

Aquella proclama de hace 25 años que decía "Abajo la telecomunicación" es obvio que hoy día no puede mantenerse, sin embargo será necesario que los medios telecomunicadores atiendan más a las exigencias de autenticidad del hombre actual y menos al afán de propaganda de las instituciones que ostentan el poder. De lo contrario el arte acabará por ser definitivamente asesinado tras los muros de los Museos y en los escaparates de las desprestigiadas Ferias. Recuérdese el lamentable episodio de amiguismo en la última Documenta, la estrangulación sistemática de posibilidades por parte de un "comité seleccionador" en Arco (la existencia de un comité que selecciona según afinidades es algo inconcebible tratándose de un mercado libre, y consentir en su permanencia tiene un nombre: mafia), y por no citar más, la Bienal de Venecia, que asumió una amuermante representación española por más que lleguen a engolarla con distinciones y medallas: Eduardo Arroyo, Andreu Alfaro.

 

Los especialistas del Mercado, especialistas en encontrar la ocasión de compra-venta, han olvidado el arte. Tal vez porque, si bien entienden mucho de Mercado, no tuvieron jamás ni puta idea de lo que significa "amor, vida, libertad", las tres constantes del acto creador (Torga). Y si, hasta ahora, han conseguido epatar a la opinión pública, poniéndola repetidamente bajo la suela de sus zapatos, hoy ya no, hoy el público empieza a saber lo que quiere y acabará desterrando a los mercaderes para buscarse por su cuenta el arte que le pilla más a mano, donde a buen seguro encontrá lo genuino, lo verdaderamente honesto, lo seductoramente libre.

 

Para enviar tus comunicaciones, pulsa el botón:

botonnoz.gif (3707 bytes)