por: Abbé Nozal
Se viene citando, como entecedente del net-art,
la experiencia americana del E.A.T. (Experimental Art and Technology) celebrada a finales
de los años sesenta, una experiencia que perseguía alentar la colaboración entre las
artes y la industria, para lo cual intentó sin demasiado éxito la implicación de
personas como Andy Warhol o Robert Rauschemberg. Sólo en uno de los textos que han caído
en mis manos, tras señalar el antecedente del E.A.T., se cita a otros dos paises como
precursores indiscutibles: Australia y Alemania. El texto al que hago referencia fué
publicado en Internet por El Aleph, traducido de Rizhome. Fue una pequeña sorpresa que se
desvaneció en el instante de conocer al autor de tales afirmaciones, Jeffrey Shaw,
considerado en su país -Australia- como uno de los pioneros en el arte de la realidad
virtual (de Jeffrrey Shaw es conocida su instalación de 1988 titulada "Legible
City"), a lo cual es preciso añadir su reciente condición de Director del Instituto
de Medios Visuales del ZKM de Karlsruhe... ¡en Alemania! Ahí radica, en consecuencia, la
inclusión de estos dos países como antecedentes históricos del net-art, si bien es una
inclusión traída por los pelos y que, en tanto no se estudie comparativamente la
aportación de terceros países, como España, ha de permanecer en cuarentena.
1968:
He dicho España, sí. Conviene ir señalando algunos sucesos acaecidos en nuestra
geografía, y ya lejanos en el tiempo, como antecedentes del llamado net-art. No estará
de más que el futuro historiador, sin duda al corriente de nuestra secular desventaja,
reduzca diferencias calificando suficientemente alto el esfuerzo realizado en el año 1968
por un grupo de artistas españoles, convocados por el Centro de Cálculo de la
Universidad Complutense de Madrid para enfrentarse por vez primera a los conceptos de arte
y computación, cuando hablar de computadores, no ya en nuestro país si no en cualquier
otro, era hablar poco más que de la cinta perforada. Fue una solicitud becaria del pintor
Manuel Barbadillo lo que desembocó en la creación de un seminario para la Generación
Automática de Formas Plásticas, impulsado desde su origen por Ernesto García Camarero y
apoyado por los arquitectos Seguí de la Riva, de las Casas Gómez, de la Prada Poole,
Searle, así como por el crítico de arte Aguilera Cerni. El resultado de este primer
Seminario se concretó en una exposición denominada "Forma Computable",
celebrado en el hoy desaparecido Centro de Cálculo y que reunía obra de Alexanco,
Amador, Elena Asins, Barbadillo, Gerardo Delgado, Gómez Perales, Equipo 57, Tomás
García, Lily Greenham, Lugan, Quejido, Abel Martín, Eduardo Sanz, J. Seguí, Soledad
Sevilla, Sempere e Yturralde.
De aquella experiencia, que inexplicablemente duró tres años, surgieron algunas obras
más o menos afortunadas y una escasa divulgación internacional. Después llegó el
silencio.
1986:
La explosión del arte virtual se produce a mediados de los ochenta y principios de los
noventa. La prensa especializada se entera al fin de que es posible la creación de arte
virtual y se producen las primeras instalaciones interactivas por ordenador. "Legible
City", la obra de Jeffrrey Shaw citada anteriormente, es de 1988. De aquella época
son también las obras de Perry Hoberman, Lynn Hershman y Ken Feingold, por citar a
algunos de los que exploraban entonces las posibilidades de las nuevas tecnologías...
algunos de los que, desde fuera de España, investigaban las NNTT. Es importante el
subrayado porque en nuestro país apenas media docena de personas habíamos derivado
nuestro trabajo creativo hacia las llamadas nuevas tecnologías y, en ningún caso, las
obras resultantes fueron exportadas. La única e importante excepción, que ya he citado
en otros artículos, fue la exposición "Procesos", de 1986, que inauguraba el
Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid y que dió a conocer la obra de Juan Carlos
Eguillor ("Las Meninas"), realizada con el apoyo tecnológico de Fundesco y la
de Tomás Nozal ("Proceso RASA"), realizada con la estructura CAD de INESCOP, el
Instituto Español del Calzado de cuyo Departamento de Diseño era entonces responsable.
En 1986 ya estaba en el ambiente la sensación de que "las nuevas tecnologías
revolucionan la cultura", parafraseando un titular de Diario 16 que recogía
información gráfica sobre la obra de Tomás Nozal antes citada y sobre la cual, Luis G.
Lacruz explicaba: "... En sí mismo, el proceso creador asistido por ordenador se
convierte en la obra, que ya no es percibida por Nozal como momento puntual o
culminación, sino precísamente como momento de una secuencia abierta a nuevos estudios y
posibilidades"
1998:
En consonancia con este sentir, a lo largo de estos años se han venido desarrollando
múltiples experiencias cuyo factor común puede resumirse en las siguientes cualidades:
origen creativo, ejecución virtual, desarrollo abierto, interacción. Lo que entonces era
designado de diferentes maneras -"El mundo era tan nuevo que para nombrar las cosas
había que señalarlas con el dedo" (o algo parecido, cito de memoria), así empieza
Gabriel García Márquez sus Cien años de soledad-, parece que va tomando una definición
que lo designa y lo diferencia: net-art. Ahora, próximos al año 2.000, inmersos en la
era de la información, con la red internet como bandera, nuevas vías de investigación y
de producción consolidarán el llamado net-art. Y a tal consolidación no le ha de ser
ajena la aportación de importantes teóricos españoles, como es el caso actual de José
Luis Brea, Ricardo Echeverría o Luis Fernández, a la sazón mantenedores de la revista
virtual de arte y pensamiento contemporáneo El Aleph (http://aleph-arts.org) y creadores
de la edición 98 de Arco Electrónico, un foro de debate donde podrá escucharse a Xavier
Berenguer (Pompeu Fabra, Barcelona), José Ramón Alcalá (Museo Electrografía, Cuenca) o
Antonio de las Heras (Universidad Carlos III, Madrid).
A modo de resumen: El net-art empezó a finales de los sesenta en dierentes países,
incluyendo España, como ya quedó demostrado al principio de este artículo. Pasado el
período de silencio que lleva hasta medidados los ochenta, también nuestro país
incorpora nombres, obras y actividad al desarrollo de lo que ya hoy día es claramente una
disciplina específica dentro de las artes, el net-art, si bien todavía necesitará de
ese específico ajuste intelectual que, a la vista de los nombres citados anteriormente,
presumimos tendrá igualmente marchamo español.
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