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Las cifras cantan: 3.500 millones de euros al año
NOZAL
Agustín
García-Gasco, arzobispo valenciano dice que “ellos” no
convocan a ninguna manifestación pero que en este caso
–refiriéndose a la anunciada contra las nuevas medidas del
gobierno en materia de religión– sí que la van a apoyar. El
tal monseñor sólo es una trompeta más de la orquesta que la
Conferencia Episcopal ha montando para que, tras el ruido,
puedan ellos, los purpurados, seguir quedándose con las nueces.
Desde mi humilde criterio, creo que
no hay que darle carrete a esta panda de indeseables. Si alguna
vez no queda más remedio que hablar de ellos, evítese
cualquier comentario y limítese uno a citarles por su nombre:
embaucadores, chorizos, chulos, estafadores, pederastas.
Razonar con ellos es perder el
tiempo. Creo que lo que hay que hacer es atizar a los políticos
que hemos votado, para que de una vez por todas pongan a
trabajar a Mendizábal. Hay que enmudecer a las campanas de este
país, que laceran los tímpanos urbanos incumpliendo la
normativa sobre ruido en cuanto a horarios y decibelios
permitidos. Que guarden silencio las campanas para que podamos oír
con nitidez y repetidamente esa otra canción de las cifras,
porque esta vez sí, las cifras cantan: 3.500 millones de euros.
El gobierno de España consiente y
paga a los obispos 3.500 millones de euros cada año (de nuestros euros, de los euros de todos, no solo de los euros católicos
que ya pagan aparte, sino de judíos, musulmanes, evangelistas,
agnósticos y ateos). Además el gobierno exime al clero católico
del pago del IVA, le exime del pago del IBI, le exime del pago
de impuestos patrimoniales, le exime del pago de impuestos por
transmisiones, le exime del pago de impuestos de sociedades, le
exime de la obligación de la Declaración de la Renta. Y como
tanto eximente no parece bastante, todavía concede, a mayor
gloria de nadie sabe qué santo laico, una batería de
subvenciones y ayudas que todavía hoy, por temor a no acabar
nunca, nadie se ha atrevido a inventariar.
Asegura Manuel Talens en su último
artículo del diario “El País” (28 octubre 04) que son
muchos los católicos españoles y los teólogos que le piden a
la Conferencia Episcopal renunciar al cúmulo de privilegios que
disfrutan cada año ininterrumpidamente desde que el dictador
Franco les acompañaba bajo palio. Serán muchos esos católicos,
no lo pongo en duda, pero lo deben pedir muy bajito porque los
obispos no les hacen ni puto caso.
Sin embargo yo le aseguro a mi amigo
Talens que somos muchos más los laicos –él y yo incluidos–
que en su día votamos favorablemente la Constitución
aconfesional española, y que hoy exigimos al gobierno un
riguroso cumplimiento de la misma. Sólo eso y nada más que
eso: un cumplimiento riguroso de la Constitución.
Se lo venimos pidiendo desde 1979 y
nos vienen repitiendo que es conveniente esperar y dar tiempo a
que la iglesia católica aprenda a sostenerse con la aportación
de sus acólitos. Hemos esperado tanto que ahora, políticos y
ciudadanos, sabemos que los obispos nos están tomando el pelo.
A la Conferencia Episcopal sólo le interesa el dinero; para
mantenerlo ha presentado excusas cada año, y éste, que ya no
le vale ninguna, se inventa una manifestación. Cuando el
sentido común aconseja que algo ha de terminar, suele decirse
que “ya va siendo hora”, pues bien, en el caso del
privilegio de los obispos venimos diciendo que “ya va siendo año”,
año tras año, desde hace veinticinco. Basta. Ni excusas ni mani ni leches.
Propongo que en lo sucesivo
mantengamos dos líneas de comportamiento: por una parte exigir
a nuestros políticos que hagan cumplir, sin más demora, lo
establecido por la mayoría, o sea la Constitución; por otra,
no hablar más de los curas salvo para citarles por su nombre.
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