ABBÉ NOZAL
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Baúl
Anticlerical
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Año 2004

Las cifras cantan: 3.500 millones de euros al año

NOZAL

 

 

Agustín García-Gasco, arzobispo valenciano dice que “ellos” no convocan a ninguna manifestación pero que en este caso –refiriéndose a la anunciada contra las nuevas medidas del gobierno en materia de religión– sí que la van a apoyar. El tal monseñor sólo es una trompeta más de la orquesta que la Conferencia Episcopal ha montando para que, tras el ruido, puedan ellos, los purpurados, seguir quedándose con las nueces.

Desde mi humilde criterio, creo que no hay que darle carrete a esta panda de indeseables. Si alguna vez no queda más remedio que hablar de ellos, evítese cualquier comentario y limítese uno a citarles por su nombre: embaucadores, chorizos, chulos, estafadores, pederastas.

Razonar con ellos es perder el tiempo. Creo que lo que hay que hacer es atizar a los políticos que hemos votado, para que de una vez por todas pongan a trabajar a Mendizábal. Hay que enmudecer a las campanas de este país, que laceran los tímpanos urbanos incumpliendo la normativa sobre ruido en cuanto a horarios y decibelios permitidos. Que guarden silencio las campanas para que podamos oír con nitidez y repetidamente esa otra canción de las cifras, porque esta vez sí, las cifras cantan: 3.500 millones de euros.

El gobierno de España consiente y paga a los obispos 3.500 millones de euros cada año (de nuestros euros, de los euros de todos, no solo de los euros católicos que ya pagan aparte, sino de judíos, musulmanes, evangelistas, agnósticos y ateos). Además el gobierno exime al clero católico del pago del IVA, le exime del pago del IBI, le exime del pago de impuestos patrimoniales, le exime del pago de impuestos por transmisiones, le exime del pago de impuestos de sociedades, le exime de la obligación de la Declaración de la Renta. Y como tanto eximente no parece bastante, todavía concede, a mayor gloria de nadie sabe qué santo laico, una batería de subvenciones y ayudas que todavía hoy, por temor a no acabar nunca, nadie se ha atrevido a inventariar.

Asegura Manuel Talens en su último artículo del diario “El País” (28 octubre 04) que son muchos los católicos españoles y los teólogos que le piden a la Conferencia Episcopal renunciar al cúmulo de privilegios que disfrutan cada año ininterrumpidamente desde que el dictador Franco les acompañaba bajo palio. Serán muchos esos católicos, no lo pongo en duda, pero lo deben pedir muy bajito porque los obispos no les hacen ni puto caso.

Sin embargo yo le aseguro a mi amigo Talens que somos muchos más los laicos –él y yo incluidos– que en su día votamos favorablemente la Constitución aconfesional española, y que hoy exigimos al gobierno un riguroso cumplimiento de la misma. Sólo eso y nada más que eso: un cumplimiento riguroso de la Constitución.

Se lo venimos pidiendo desde 1979 y nos vienen repitiendo que es conveniente esperar y dar tiempo a que la iglesia católica aprenda a sostenerse con la aportación de sus acólitos. Hemos esperado tanto que ahora, políticos y ciudadanos, sabemos que los obispos nos están tomando el pelo. A la Conferencia Episcopal sólo le interesa el dinero; para mantenerlo ha presentado excusas cada año, y éste, que ya no le vale ninguna, se inventa una manifestación. Cuando el sentido común aconseja que algo ha de terminar, suele decirse que “ya va siendo hora”, pues bien, en el caso del privilegio de los obispos venimos diciendo que “ya va siendo año”, año tras año, desde hace veinticinco. Basta. Ni excusas ni mani ni leches.

Propongo que en lo sucesivo mantengamos dos líneas de comportamiento: por una parte exigir a nuestros políticos que hagan cumplir, sin más demora, lo establecido por la mayoría, o sea la Constitución; por otra, no hablar más de los curas salvo para citarles por su nombre.

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