El Norte de Castilla, 13 de septiembre de 1997

Sección: INTERIORES título del artículo: Tomás Nozal, Pintor. subtítulo a la derecha de página: Gatos y Angeles. escribe: Rafael Rojas. fotos: Merche de La Fuente.

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GATOS Y ANGELES.

En las paredes del cuarto donde trabaja Tomás Nozal, cuelgan angelitos y cuadros con motivos religiosos, una curiosa decoración para un pintor que se declara anticlerical. Los gatos le apasionan y vive rodeado de 6 ó 7; a menudo se enredan entre ellos en trifulcas que llenan el piso de Nozal de maullidos y pelos felinos.

Tomás Nozal, Pintor
escribe: Rafael Rojas

La oficina de Tomás Nozal es uno de esos pisos antiguos de Palencia, sin ascensor y con unas goteras que, cuando llueve, convierten al edificio en una nueva casa de agua, comparable en humedades al proyecto homónimo que el pintor quiere poner en marchar en Grijota. Se trata de una residencia en la que vivirán artistas de todo el mundo, intercambiando ideas y experiencias. Una arcadia palentina junto al Canal de Castilla.

El despacho, frente a la ermita de La Soledad, está poblado de cuadros y gatos. La pintura convierte el piso en un pequeño museo, en el que se exponen obras de diferentes artistas. Curiosamente Nozal tiene allí sólo un par de cuadros suyos.

Los gatos confieren al piso un aspecto de zoológico monotemático. Hay felinos en cada asiento e incluso en los alfeizares, donde puedes encontrarte hasta seis de la misma camada. Estos animales constituyen la obsesión más reciente del pintor, y son los que guían al público a través de la página web que Nozal mantiene en Internet (http://www.nozal.com). La pasión por el arte informático, arte virtual o net-art, es la razón que le lleva a acudir a su oficina cada día de doce a dos, para trabajar frente al ordenador, con un gato dormido en sus rodillas.

Por su página pasan cerca de 2.000 personas al mes. Por su oficina alguna menos, pero las suficientes para que le distraigan de contínuo y para que haya tenido que buscarse una nave en algún lugar recóndito de la provincia. Allí pinta unos cuadros en los que el protagonista es el concepto, seguido de cerca por la composición, y a cierta distancia, por el color y el dibujo.

Un par de ordenadores, muchos papeles, mesas de despacho y sillas con clavos que sobresalen peligrosamente. Una habitación llena de trastos, otra que contiene un estudio de montaje de video, una cocina patas arriba y otra sala llena de cuadros y sin más utilidad aparente. Así es el piso en el que trabaja, sin ensuciarse las manos, este viajero que tiene una vida larga y complicada a las espaldas. Y ya le empieza a pesar.

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