|
Lo cierto es que soy... tres personas distintas y un sólo dios verdadero... |
||
![]() |
||
|
... un ramalazo esquizofrénico que, unido a mi devoción por las gatas Sor Puchi de Jesús y Blandy Blue, nos da un misterio parejo a ese otro de la Santísima Trinidad con el que tanto flipan los católicos de Roma y que tanto descojono provoca en el resto de los mortales que han estudiado mitología griega o han terminado alguna tesis sobre el Monstruo Espaguetti Volador. Tuve un infancia cruel, de ahí la adicción a las adicciones. Pero todas mis tribulaciones infantiles se aplacaron cuando a la muy santa paloma de la Santísima Trinidad se la comieron los gatos del manga, simples gatos ni santos ni trinitarios, predecesores de Sor Puchi y Blandy. En general me ocurre algo parecido con cada circunstancia de esta particular cultura judeo-cristiana, o sea que una vez descubierta la superchería, adapto el predicamento y mando a tomar por culo al predicador. Es una manera de asumir la cultura que me corresponde, entrándole a la cosa por la puerta de servicio. Supe demasiado pronto que la vida es una mierda, en el doble sentido escatológico que incluye a la Parca. Cuando el televisor traía imágenes en blanco y negro, yo ya era un viejo pervertido que soñaba colores para la redención imposible de la humanidad. Ahora soy un jovencísimo pintor pasado de rosca que vuelve de todos los sitios sin haber estado de verdad en ninguna parte. Al doblar la esquina de la vida, establecí mi residencia en Palencia, Parque Temático del siglo XIX, ciudad quieta donde todavía hoy se escucha el aliento del cacique y el amplio rumor de las envidias. El aire en esta ciudad se hizo tan denso que para respirar tuve que abrir una ventana al espacio internético (www.nozal.com). Y gracias a esta ventana, convertible en escaparate, muestro mi pequeña-gran obra como el tendero mostraría su mercancía, hasta que alguno de vosotros sintoniza la mismafrecuencia y se acerca a ver y gusta de lo que ve y negocia el precio y compra un cuadro o un giclée o contrata una escultura-vitral o pone pasta para una peli. Y así sobrevivo, alternando la pulsión creativa entre analógicos pigmentos y digitales matices, equilibreando en la cuerda floja de la cartilla de ahorros, habitualmente en rojo infierno. Cuando yo empezaba en ésto (hice la primera exposición en 1967, cuando apenas Yahvé había terminado la creación del mundo y recién se disponía a descansar) mi suegra me dijo, en tanto acariciaba uno de los lienzos todavía impolutos: "Hijo mío, con lo buenas que son estas telas, da pena que las manches así". Mi suegra tenía razón. Añadió: "Será un milagro si logras vivir de esto". Y sí, está siendo un milagro, lo cual es en un ateo alta categoría profesional. El 24 de marzo del 2000, fecha en la que andaba yo intentando cumplir 50 años, sufrí un infarto agudo de miocardio, no por intuido menos brutal. Desde entonces tengo el corazón jodido pero también más rabia acumulada, lo cual compensa sobradamente. En cualquier caso, mientras espero el siguiente infarto, que habrá de ser definitivo, séame permitido decir que siempre he sido buena persona. O eso creo. Confesión fechada en octubre del 2001 con motivo de la exposición "Art-Dollar". |
||